¿Es que no nos acordamos?

Buenos días a todo aquel que esté leyendo esto.

Hoy he decidido que, quizá, merece la pena meditar sobre cómo somos y, sobre todo, cómo éramos las gentes de mi generación cuando teníamos 15 ó 16 años.

Hoy en día es muy habitual escuchar comentarios del tipo de: “Esta juventud de ahora”, “Nosotros no éramos así”, “¿A dónde vamos a parar?”, etc. No creo que los jóvenes actuales sean tan diferentes de nosotros, la verdad. Miremos con un poco más de detalle los defectos que les achacamos:

“No respetan a nadie”

Es cierto, no lo niego, pero… ¿Nuestra generación nunca se mofó del “tonto del pueblo, la clase, el vecindario, etc.”? ¿Jamás nos cachondeamos del abuelo que pretendía contarnos su vida? ¿Nunca tomamos el pelo al que creíamos que era inferior a nosotros por uno u otro motivo? ¡Mentira!

En mi caso, recuerdo haber hecho sufrir a compañeras mías de colegio, simplemente por el hecho de no vestirse, comportarse o compartir mis gustos en música, deportes o amistades. ¿Cuál era la diferencia? Fácil, si me pillaban en algo indebido, “se me caía el pelo”, tanto en casa como en el colegio. Es más, mis padres y mis profesores parecían estar genéticamente de acuerdo: los unos y los otros sabían dónde podían darme y que me doliera.

Por cierto, mis padres no me pusieron jamás una mano encima. ¿Cómo lo consiguieron? Creo que una parte de la explicación es que fueron mis padres, no mis amigos. Me pusieron límites, no murallas. Me dieron explicaciones de su conducta cuando consideraron que eran necesarias; y esas ocasiones eran las menos, por supuesto. ¡Fácil! ¿no? Cuando mi hija cumpla mi edad actual, ya os diré si ha sido tan fácil.

“Nada les importa”

¡Esta es muy buena! No sabía yo que mi generación estuviera plagada de “Teresas de Calcuta”, “Ghandis” o “San Franciscos de Asís”.

En nuestra generación era habitual el asociacionismo social o político, el voluntariado o la solidaridad con el vecino… ¡Ja! Si eso hubiera sido cierto no tendríamos el mundo como lo tenemos… ¡A punto de descalabrarse totalmente!

“Tienen todo lo que quieren”

Esta afirmación se comenta en seguida, claro que tienen todo lo que quieren, pero… ¿quién se lo da? Nosotros, ¿no?

No voy a entrar en las razones, cada uno tenemos las nuestras. Algunos porque en su juventud pasaron estrecheces, otros por todo lo contrario.

Diferencias

Muchos pensaréis que hay diferencias entre nuestra generación y la de nuestros hijos, por supuesto que las hay. Pero, ¿son de fondo o de forma? (¡Caray que seria me estoy poniendo!)

Desde mi punto de vista, la mayoría de las diferencias tienen relación con el entorno… ¡Este sí que ha cambiado!

Ahora tienen un acceso a todo tipo de información con el que nosotros no nos atrevíamos ni a soñar. En nuestro caso, cuando éramos pequeños, “mi papá lo sabía todo”. Cuando crecimos un poco más, eran los profesores los que sabían todo lo que había que saber. Con el tiempo, llegamos a la conclusión de que ninguna de las afirmaciones anteriores era cierta, pero nos había dado tiempo a situarnos un poco en la vida e ir sobreviviendo.

Comparemos el caso de mi madre y el mío. Cuando ella tenía unos veinte años, surgió la televisión; a los treinta y pico, la televisión ya era en color y a los cincuenta compró un vídeo, yo no era capaz de entender cómo era posible que no supiera programarlo. Ahora, con setenta, tiene teléfono móvil (aunque es incapaz de enviar mensajes de texto). A estas alturas de mi vida me doy cuenta del mérito que tiene el hecho de que en cincuenta años haya sido capaz de asimilar tanto avance tecnológico.

Vamos ahora conmigo. Soy de la generación de la tele, eso quiere decir que, en mi caso, me pasaba muchísimas horas sentada ante la televisión viendo todo lo que echaban. Claro que sólo había dos cadenas de televisión así que era fácil para mis padres controlar lo que veía (fuera bueno o malo). En el corto periodo de tiempo en el que mi madre se habituó al vídeo y al móvil, yo descubrí el el ordenador y, cuando por fin, la ventana de internet se abrió ante mis ojos, ya me pilló lo suficientemente mayor como para que fuera responsabilidad mía el uso que hacía del invento.

¿Qué pasa con nuestros hijos? A mi parecer algo muy sencillo, los avances tecnológicos surgen al ritmo de su crecimiento, a la par con nuestro declive. En mi caso, mi relación con Facebook, Tuenti, etc. es equivalente a la que mantenía mi madre con el vídeo, mi hija me supera con creces en el tema.

Todo esto me produce un sentimiento de inseguridad terrible y una intranquilidad y cierta desconfianza hacia lo que ella hace en internet.

¿Cómo lo soluciono? Muy fácil, la escucho, la acompaño en sus viajes por la red siempre que puedo y… ¡pongo una vela a la Pilarica en cuanto tengo ocasión!

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3 comments

  1. Hola Ana:
    Pienso que sí han cambiado las cosas. No creo que la juventud esté perdida ni nada parecido, simplemente pienso que este cambio que tu apuntas el tecnológico es muy importante. El tecnológico y el social.
    Pienso que hoy en día es más difícil ser joven que hace unos años. La velocidad de los cambios se ha disparado, así como las posibilidades, los escenarios posibles, las oportunidades. La complejidad del mundo aumenta exponencialmente.
    La adolescencia, la primera juventud, es el momento de las decisiones, del futuro, del prepararse para la vida, de acertar en las elecciones, y como se gestiona todo esto cuando las posibilidades se disparan, cuando las alternativas se multiplican, cuando la presión familiar y social se hace más agobiante. Y todo esto sin saber si son carne o pescado, si van a caer bien alguna vez a alguna chica o a algún chico, si alguien los va a querer, si los amigos los aceptan o los dejan de lado, sin saber muy bien lo que es la autoestima…
    El tema da para un buen debate, pero sí, pienso que es muy difícil ser joven hoy en día, más difícil que hace unos pocos años, mucho más difícil que lo fué para nosotros.

    Un saludo

    1. Muchas gracias por tu comentario, es un alivio que alguien me escuche en mis tonterías.
      Estoy completamente de acuerdo, ha cambiado mucho el entorno social y el tecnológico, entre otros. Precisamente a lo que voy es que todo eso ha cambiado mucho, pero el ser humano no ha evolucionado tanto. Mi afirmación es que los chavales de hoy en día son básicamente iguales a cómo éramos nosotros, pero con muchas más opciones entre las que elegir y más inseguridad en cuanto al futuro. Quizá no he sabido explicarme.
      El motivo de mi meditación es que estoy un poco harta de los comentarios en los que toda la culpa se les achaca a ellos. Intentaba ser una defensa de esos jóvenes que, en su búsqueda de un lugar en la sociedad, se pierden en el camino momentánea o definitivamente. Son responsables de sus actos, sí, pero sólo en parte; en gran medida es responsabilidad nuestra, como familiares y como profesores (yo entro en ambos terrenos) no ser capaces de ayudarles a encontrar ese camino hacia su propia personalidad.
      No era un intento de evitar mi parte de reponsabilidad, sino que pretendía que si algún colega leía esto, al menos, pensara en la cuestión.
      Es tan triste cuando lo único que escuchas en reuniones de profesores es “En mis tiempos, no éramos así” o “No sé dónde vamos a parar con esta juventud”.
      Gracias de nuevo por tu comentario.

  2. En ningún momento he pensado que evitabas tu responsabilidad ni nada parecido, me ha parecido un post muy acertado y muy interesante, nada de tontería.
    Como dice José Antonio Marina citando algún proverbio africano, “La educación es responsabilidad de la tribu”, no sólo del educador, ni tampoco sólo del padre. Todos estos ejemplos de políticos haciendo el indio, de enriquecimientos televisivos extraños, de pelotazos inmobiliarios… hacen un flaco favor a las nuevas generaciones, pienso.

    Un abrazo, Ana

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