Relato

Lo que podría ser el comienzo de una novela. Espero que os guste.

Mis novelas

Desde hace un tiempo estoy escribiendo algunos relatos, algo más largos que los habituales que suelen aparecer en mi blog. Me gustaría que los leyera el mayor número de gente posible y me dejara sus comentarios.

Se trata de pequeñas novelas de corte pseudopoliciaco. No son policiacas, porque, sinceramente, no tengo ni idea del tema policial. Lo que sí puedo afirmar es que son “pseudo”… es decir, parecidas a algunas cosas, genuinas de nada. Es decir, como yo misma. ¡La indecisión personificada!

Os dejo el enlace a ambas, ya que parece que el mundo no termina de encontrarlas en el menú superior.

Gracias a todo aquel que las lea y enhorabuena al que no las lea. ¡Supongo que demuestra su buen gusto!

¡Quién lo iba a decir!

Gambito de dama

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Cuento (no precisamente infantil)

Me he propuesto escribir todos los días algunas líneas. Si a alguien le molesta que le eche la culpa a Sonia y, en caso contrario, que se lo agradezca a ella, también. ¡Va por ti! Espero que te rías un poco y vuelvas pronto.

Érase una vez un profesor que había estudiado durante varios años para serlo. Repito, un profesor, no un maestro. Vamos a suponer que dicho profesor responde al nombre de Pedro, en aras de la economía del lenguaje.

Pedro había estudiado mucho, mucho. Lo que no quiere decir que hubiera asimilado todo, todo. En ocasiones, el estudio le sirvió para comprender un poco el mundo que le rodeaba, pero en otras, sólo le permitió reafirmarse en la idea de que se había esforzado más que nadie y, en su terreno, sabía más que nadie (Cuando digo nadie, me refiero a ninguna persona en el mundo).

Pedro vivía y trabajaba entre personas que, desde su punto de vista, tenían derecho a la vida, pero no a opinar. “¡Cómo se atreven a opinar de lo que no saben! Si no han estudiado tanto como yo; si ni siquiera me entienden cuando empleo términos propios de mi carrera. ¡Cuánta incultura!“, se decía para sí y, lo que es peor, repetía en ocasiones en voz alta en las reuniones de profesores.

Hete aquí que una vez se encontró en una situación en la que no sabía qué hacer. Tuvo un pequeño percance con el coche y no le quedó más remedio que tratar con un mecánico que sólo sabía de mecánica; no era un alma renacentista como la suya, ¡qué pena tener que tratar con un ser inferior!

Se acercó al mecánico y le espetó: “Necesito tu ayuda” (por supuesto, no le trató de usted, de todos es sabido que los seres inferiores a Pedro no merecen ese tratamiento, tienen suerte de que éste les dirija la palabra). Esta es la transcripción de su conversación:

PEDRO: Necesito tu ayuda

MECÁNICO: Usted dirá.

PEDRO: Un conductor tuvo la desfachatez de chocar con mi vehículo y, además de dejarme a mí (¡a mí!) hecho unos zorros, convirtió mi coche en la lata lista para el reciclaje que aquí tengo.

MECÁNICO: Ya veo. Parece que el golpe fue frontal. Si me permite la pregunta, ¿a qué velocidad iba usted?

PEDRO: Te la permito porque hoy me he levantado dolorido, pero condescendiente. ¡No te acostumbres! Yo circulaba a 100 km/hora por una avenida de Zaragoza.

MECÁNICO: Entiendo. ¿Y el otro vehículo?

PEDRO: El otro conductor estaba estacionado en un lateral de la avenida. ¡Será memo!

El mecánico, viendo, perdón, intuyendo que su cliente era una persona que nunca reconocía su parte de culpa, meditó unos instantes antes de continuar. (Digo intuyendo, porque como ya he comentado antes, se trataba de un ser humano que sólo sabía de mecánica, ni siquiera había estudiado magisterio ni una carrera superior; eso sí, hacía unos exquisitos encajes de bolillos)

MECÁNICO: Bien, ¿se ha puesto en contacto con el seguro?

PEDRO: Por supuesto, pero me dicen que el coche es siniestro total y la culpa es mía. ¿Puedes creerlo? ¡Los coches son para circular, no para estacionarlos en mi camino!

MECÁNICO: Siendo así, veremos qué podemos hacer por usted. ¡Marcos, ven aquí, por favor!

Aquí interviene un personaje que a Pedro le sonaba pero no era capaz de recordar de qué. ¡Había conocido a tantos chavales a lo largo de su amplia historia profesional!

MARCOS: ¿Sí?

MECÁNICO: Coge la grúa y llévate este “último modelo” al taller de dentro. Allí, le empiezas a revisar la admisión, intentas desenredar el árbol de levas, colocas los balancines, pruebas la bancada, cierras la barra de cremallera; con el móvil cargas la batería, cuando la encuentres; y suprimes el acceso al bendix. Parece que la bovina del señor se ha quedado un poco homófona.

PEDRO: ¿Vas a dejar mi vehículo en manos de un aprendiz?

MECÁNICO: Ahí donde lo ve, Marcos es un erudito en filosofía, ha estudiado económicas y es doctor en pedagogía, hizo la tesis sobre “La influencia de los profesores en la adolescencia”. En estos momentos está terminando mecánica, así que su coche está en las mejores manos.

Pedro dio un respingo. ¡Un aprendiz de mecánica que tenía más estudios que él! ¿Cómo era eso posible?

PEDRO (con cierta desazón): De acuerdo. Avísame cuando tengas el presupuesto.

Marcos y su jefe se quedaron a solas con el amasijo de hierros que Pedro llamaba “su coche”.

MARCOS: Jefe, ¿seguro que quiere que haga todo lo que me ha dicho? En las condiciones que está automóvil, es imposible hacer nada.

MECÁNICO: Ya lo sé, Marcos. Vas a hacer lo siguiente: 

  1. Vas a quitarme de en medio esta chatarra, de ahí lo de la grúa.
  2. Revisarás los papeles de admisión, ya sabes, foto del estado del coche, papeles del seguro, impuesto de circulación, etc.  
  3. Te sientas bajo el árbol, ya sabes el que llamamos “árbol de levas” e intentas recordar de qué conoces a nuestro cliente. Si te aburres mucho, puedes construir un balancín en una de las ramas del árbol.
  4. Una vez terminados los tres puntos anteriores. Siéntate en la bancada que hay en la parte sombreada del jardín. Cierra la cremallera, es decir, la boca y comprueba la batería de tu móvil, porque lo tienes apagado o fuera de cobertura.
  5. Dedícate a repasar para exámen de mañana. Y no te preocupes del bendix y la bovina del cliente. ¡Para “bobino”, él!

Marcos se quedó helado. La parrafada del mecánico cobraba sentido. “De acuerdo, papá“, respondió y se dispuso a seguir las detalladas indicaciones de su padre.

La mirada del mecánico tenía un brillo especial, recordaba unos hechos que tuvieron lugar hace un tiempo, cuando Marcos contaba con catorce años.

Su hijo era un muchacho muy especial, sobre todo para él. Por diversas circunstancias que no vienen al caso lo había criado prácticamente sólo, en un país extraño; habían dejado su país natal, Marruecos por discrepancias económicas con la situación marroquí (es decir, para sobrevivir). Marcos se llamaba, en realidad, Mohamed. Y había conseguido aprender español a pesar de algunos profesores.

Como Marcos, por aquel entonces, ni entendía lo que oía, ni comprendía por qué no estaba en su país, estaba enfadado con el mundo y lo demostraba despreciando a España y a los españoles (esto es sólo un accidente, porque también despreciaba a los chinos, rumanos, ecuatorianos y, hasta a los catalanes). Pero al que más despreciaba era a su padre que le obligaba a vivir en un lugar totalmente hostil y desconocido.

Todo esto se traducía en un comportamiento totalmente insufrible en el colegio. Todo eran quejas, problemas, enfrentamientos. En un momento dado, el padre de Mohamed fue convocado al colegio por el enésimo problema de disciplina. Allí, le recibió Pedro, nuestro Pedro.

Pedro le comunicó que el comportamiento de Mohamed era totalmente disruptivo y que presentaba algún tipo de retraso intelectual que le impedía relacionarse con otros seres humanos. Entre otras cosas, Pedro le dijo que jamás sería capaz de alcanzar los mínimos curriculares de la etapa en la que se encontraba y que carecía de toda voluntad de trabajo. Además no tenía ninguna empatía. Con el tiempo, quizá conseguiría aprender el español suficiente para trabajar de estibador.

El afligido padre de Mohamed no entendía del todo la jerga de Pedro, pero intuyó que le estaban diciendo que su hijo, además de extranjero, era tonto. Dos de las peores lacras en la sociedad actual. Pero no sabía el suficiente español como para defender a su hijo (en esta situación, lo mismo les pasa a muchos padres españoles). En resumidas cuentas, expulsaron a Mohamed y se lavaron las manos.

Pasados unos días, nuestro mecánico empezó a elaborar un plan, un plan de supervivencia. Primero, tanto él como su hijo, acudirían a clases de español en un centro para adultos. A continuación, a ojos y oídos de los españoles, cambiarían sus nombres: Mohamed sería Marcos y su padre se convertiría en Mecánico. Ambos trabajarían codo con codo para conseguir desmentir la opinión que de ellos tenía la gente como Pedro. Y así lo hicieron. Como eran buenos trabajadores y tenían una meta común, fueron consiguiendo sus objetivos. Mecánico consiguió abrir un taller al que puso como nombre “Mecánico” (costumbre muy extendida esta, la de poner el nombre de uno a su negocio) y Marcos, amén de ayudar a su padre, fue aprendiendo poco a poco español, hizo el acceso a la universidad para mayores: estudió filosofía (por gusto personal), económicas (para intentar entender, entre otras cosas, entender por qué tuvo que abandonar Marruecos), pedagogía (pues ni él ni su padre entendían todavía por qué Pedro le había sentenciado a la estulticia) y, por último, mecánica (por un lado para ayudar a su padre y por otro, porque en realidad era lo que le gustaba).

Cuando padre e hijo recordaron por fin su anterior relación con Pedro, decidieron convocar a éste para darle su presupuesto. Era el siguiente:

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PRESUPUESTO

  1. Mano de obra: 0 euros
  2. Revisión y puesta a punto del buje: 0 euros
  3. Limpieza de camisas: 0 euros
  4. Ajuste del cardan: 0 euros
  5. Gastos de carrera: 0 euros
  6. Retoque de cojinetes: 0 euros
  7. Cambio del damper: 0 euros
  8. Sujeción del eje primario y el eje secundario: 0 euros
  9. Ferodos de última generación: 0 euros
  10. Reversión del gicler: 0 euros
  11. P.M.I. y P.M.S.: 0 euros
  12. Puesta a punto del ruptor: 0 euros
  13. Ver la cara que está poniendo al leer  este presupuesto: ¡No tiene precio, don Pedro!

Firmado: Mohamed B. y su padre

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Nuestro Pedro no sabía dónde meterse, así que tragó saliva, miró a su alrededor para asegurarse de que nadie más se encontraba en el taller y, dejando allí la chatarra que había considerado su coche, salió del local todo lo deprisa que le permitían sus piernas. Por la velocidad de crucero que llevaba, no sólo abandonó el coche, sino también su dignidad.

Moralejas, proverbios y citas

Generales:

Los que renuncian son más numerosos que los que fracasan“. Henry Ford.

Dijo el perro al hueso: Si tú estás duro, yo tengo tiempo. Anónimo.

La capacidad de adaptación del ser humano es casi infinita, con esfuerzo, comprensión y un poco de suerte se puede conseguir cualquier cosa” (cosecha propia)

El lenguaje es poder, di las cosas con términos que no se entiendan y muchos creerán que eres inteligente. Entérate de lo que significan y el inteligente serás tú” (cosecha propia)

Lo único que no tiene solución es la muerte” (sentido común)

Para Pedro:

“Si no fuera por mí, Mohamed no habría conseguido nada” (Aunque no entiendo por qué salió corriendo del taller, si eso es lo que opina; debería haberse quedado a recibir la gratitud de Mohamed y su padre, ¿no?). Esta moraleja tiene relación directa con el siguiente refrán: “No se consuela el que no quiere”

Disculpas

En primer lugar quiero pedir disculpas al gremio de mecánicos, si alguno de sus miembros se ha sentido ofendido por este pequeño cuento. Puedo asegurar que no era esa mi intención.

Después, también quiero disculparme con todos mis colegas profesores que puedan sentirse aludidos por algunas de las opiniones aquí vertidas. Es un simple divertimento. Perdonadme, si podéis.

En tercer lugar, aunque no por ello, menos importante. Pido indulgencia a todos aquellos seres humanos que en algún momento han asistido a alguna de mis clases: Nunca he querido comportarme como Pedro, pero seguramente lo he hecho en más de una ocasión. Perdonad, por favor, a esta “profe” que jamás quiso ofenderos.

Agradecimientos

Diccionario de la RAE: http://buscon.rae.es/draeI/

Diccionario de términos de mecánica (todos las palabras en negrita están tomadas de él: http://www.mascoalba.com/public/fotocast417.htm

Diccionario de citas y frase célebres: http://glosarium.com/list/15/index.xhtml